Arte, ciencia y tecnología: planta nómada







La planta nómada es una simbiosis entre un robot, un grupo de bacterias y una planta.










Vive cerca de un río de aguas residuales y cada vez que necesita energía camina hacia el río, toma agua contaminada que entra en un proceso biológico con las bacterias generando energía eléctrica que alimenta al robot, y produce agua limpia que alimenta a las plantas que viven sobre el robot.




El excedente energético lo utiliza en generar sonidos integrados al paisaje sonoro de la zona donde vive.




Gilberto Esparza, su autor, es mexicano y artista visual. Su propósito con esta obra es hacer una reflexión de cómo los seres humanos estamos actuando como especie con el medio ambiente donde vivimos.



Según él todavía no ha habido una simbiosis por parte de los humanos con la naturaleza, y es importante aprender a devolver a la tierra esa energía que estamos consumiendo. "Con la dirección que tome la tecnología podrá hacerse algo más equilibrado", dice.

Oda al presente


ESTE
presente
liso
como una tabla,
fresco,
esta hora,
este día
limpio
como una copa nueva
—del pasado
no hay una
telaraña—,
tocamos
con los dedos
el presente,
cortamos
su medida,
dirigimos
su brote,
está viviente,
vivo,
nada tiene
de ayer irremediable,
de pasado perdido,
es nuestra
criatura,
está creciendo
en este
momento, está llevando
arena, está comiendo
en nuestras manos,
cógelo,
que no resbale,
que no se pierda en sueños
ni palabras,
agárralo,
sujétalo
y ordénalo
hasta que te obedezca,
hazlo camino,
campana,
máquina,
beso, libro,
caricia,
corta su deliciosa
fragancia de madera
y de ella
hazte una silla,
trenza
su respaldo,
pruébala,
o bien
escalera!

Si,
escalera,
sube
en el presente,
peldaño
tras peldaño,
firmes
los pies en la madera
del presente,
hacia arriba,
hacia arriba,
no muy alto,
tan sólo
hasta que puedas
reparar
las goteras
del techo,
no muy alto,
no te vayas al cielo,
alcanza
las manzanas,
no las nubes,
ésas
déjalas
ir por el cielo, irse
hacia el pasado.

eres
tu presente,
tu manzana:
tómala
de tu árbol,
levántala
en tu
mano,
brilla
como una estrella,
tócala,
híncale el diente y ándate
silbando en el camino.


Pablo Neruda
Pintura: La Danza, Fernando Botero

Un mate y un amor

El mate no es una bebida. Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca.
Pero no es una bebida. En este país nadie toma mate porque tenga sed.
Es más bien una costumbre, como rascarse.
El mate es exactamente lo contrario que la televisión: te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo.
Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es 'hola' y la segunda: '¿unos mates?'.
Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los pobres. Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios o inmaduros.
Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras estudian o se drogan.
Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en cara.
Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar.
En verano y en invierno.
Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos; los buenos y los malos.
Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide. Se lo das tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten grandes. Sentís un orgullo enorme cuando un esquenuncito de tu sangre empieza a chupar mate. Se te sale el corazón del cuerpo.
Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón.
Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates. La gente pregunta, cuando no hay confianza: '¿Dulce o amargo?'. El otro responde:
'Como tomes vos'.
Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba. La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre. Con inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de nuestras pestes y maldiciones eternas. Y si un día no hay yerba, un vecino tiene y te da.
La yerba no se le niega a nadie.
Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular.
Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los padres.
Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por primera vez unos mates, solos.
No es casualidad. No es porque sí.
El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, es que ha descubierto que tiene alma.
El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores...
Es la solidaridad de bancar esos mates lavados porque la charla es buena. Es querible la compañia.
Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás mientras el otro toma y es la sinceridad para decir: ¡Basta, cambiá la yerba!'.
Es el compañerismo hecho momento.
Es la sensibilidad al agua hirviendo.
Es el cariño para preguntar, estúpidamente, '¿está caliente, no?'.
Es la modestia de quien ceba el mejor mate.
Es la generosidad de dar hasta el final.
Es la hospitalidad de la invitación.
Es la justicia de uno por uno.
Es la obligación de decir 'gracias', al menos una vez al día.
Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores pretensiones que compartir.


De: Lalo Mir, en el programa 'Lalo Bla Bla' Radio Mitre (Argentina)

¿Qué es ser indígena?

Las Naciones Unidas (ONU) define como indígenas aquellos pueblos nativos que no se amalgamaron en los procesos de la civilización. Esta definición, sin embargo, es insuficiente, aunque sirva de base para discusiones en el ámbito internacional –como en la Declaración Universal de los Pueblos Indígenas, aprobada en 2007 por 143 países y que ahora cuenta con la posición favorable de Australia, Estados Unidos, Canadá y Nueva Zelanda.

En Brasil indígena es aquél que preservó un sentido de comunidad y lealtad a un pasado mítico, “que no es necesariamente un pasado histórico”, afirma Mércio Gómes antropólogo y ex – presidente de la Fundación Nacional del Indígena (FUNAI).

En EUA es indígena quien tiene 1/124 de sangre indígena.

En Bolivia y en Argentina la cuestión es semejante a Brasil y ser identificado como indígena depende de especificaciones y preservaciones de características comunitarias.

Según datos oficiales de la ONU, son cerca de dos mil etnias y 370 millones de personas que se consideran indígenas en el mundo.



“La sociedad en general piensa en la tierra con la visión del valor monetario: ¿cuánto vale la tierra para la compra y la venta? Para los pueblos indígenas la tierra es la referencia de identidad”.

Azelene Kaingang - socióloga, líder indígena de Paraná, Brasil

Meninos da rua

Río de Janeiro, Brasil, 12 de Junio de 2000: un muchacho de 21 años toma un colectivo de la línea 174 y mantiene secuestrados a 10 pasajeros bajo amenaza de muerte. 
El incidente policial fue transmitido en directo y seguido por 35 millones de televidentes a lo largo de 6 horas como si se tratara de una reality show. Pero esta historia no empieza en el momento en que se secuestra al ómnibus. Inicia mucho antes y va mucho más allá del hecho policial: la vida de Sandro do Nascimento, un chico criado en la calle y que tenía 21 años cuando secuestró el colectivo, es el retrato de millones de otros chicos.
 En una imagen registrada en aquel momento por la televisión se lo ve a Sandro gritándoles a los policías: “Ustedes son perversos asesinos, yo sé quiénes son , yo estuve ese día en La Candelaria”.
Unos setenta chicos de la calle dormían en la puerta de la Iglesia de la Candelaria cuando fueron ametrallados por grupos parapoliciales. Ocho murieron en el acto. De los 62 restantes, 39 fueron asesinados más tarde. La masacre ocurrió el 23 de julio de 1993 y está considerada como uno de los peores crímenes cometidos contra los derechos humanos. La ejecución de meninos da rua sigue siendo un drama habitual en Brasil. “La gente lo aprueba”, dice una asistente social consultada en el documental Onibus 174. En cada aniversario de la tragedia se organizan marchas por el cese de los fusilamientos por parte de la policía. “No a la criminalización de la pobreza”, se lee en los carteles
.


Sinto Vergonha de Mim

Exportação de café - Cândido Portinari


Sinto vergonha de mim
por ter sido educador de parte desse povo,
por ter batalhado sempre pela justiça,
por compactuar com a honestidade,
por primar pela verdade

e por ver este povo já chamado varonil

enveredar pelo caminho da desonra.

Sinto vergonha de mim
por ter feito parte de uma era

que lutou pela democracia,
pela liberdade de ser
e ter que entregar aos meus filhos,

simples e abominavelmente,

a derrota das virtudes pelos vícios,

a ausência da sensatez

no julgamento da verdade,

a negligência com a família,
célula-mater da sociedade,
a demasiada preocupação

com o "eu" feliz a qualquer custo,

buscando a tal "felicidade"

em caminhos eivados de desrespeito
para com o seu próximo.

Tenho vergonha de mim
pela passividade em ouvir,
sem despejar meu verbo,

a tantas desculpas ditadas

pelo orgulho e vaidade,

a tanta falta de humildade

para reconhecer um erro cometido,

a tantos "floreios" para justificar

atos criminosos,

a tanta relutância

em esquecer a antiga posição

de sempre "contestar",

voltar atrás

e mudar o futuro.


Tenho vergonha de mim

pois faço parte de um povo que não reconheço,

enveredando por caminhos

que não quero percorrer...


Tenho vergonha da minha impotência,
da minha falta de garra,
das minhas desilusões
e do meu cansaço.


Não tenho para onde ir

pois amo este meu chão,

vibro ao ouvir meu Hino

e jamais usei a minha Bandeira

para enxugar o meu suor

ou enrolar meu corpo

na pecaminosa manifestação de nacionalidade.


Ao lado da vergonha de mim,
tenho tanta pena de ti,
povo brasileiro!

"De tanto ver triunfar as nulidades,

de tanto ver prosperar a desonra,

de tanto ver crescer a injustiça,
de tanto ver agigantarem-se os poderes
nas mãos dos maus,
o homem chega a desanimar da virtude,

a rir-se da honra,

a ter vergonha de ser honesto".


Ruy Barbosa de Oliveira (1849 - 1923)

El sur también existe

Raíces - Frida Kahlo



Con su ritual de acero
sus grandes chimeneas
sus labios clandestinos
su canto de sirenas
sus cielos de neón
sus ventas navideñas
su culto de Dios padre
y de las charreteras
con sus llaves del reino
el norte es el que ordena

pero aquí abajo abajo
el hambre disponible
recurre al fruto amargo
de lo que otros deciden
mientras el tiempo pasa
y pasan los desfiles
y se hacen otras cosas
que el norte no prohibe
con su esperanza dura
el sur también existe

con sus predicadores
sus gases que envenenan
su escuela de Chicago
sus dueños de la tierra
con sus trapos de lujo
y su pobre osamenta
sus defensas gastadas
sus gastos de defensa
con su gesta invasora
el norte es el que ordena

pero aquí abajo
cada uno en su escondite
hay hombres y mujeres
que saben a qué asirse
aprovechando el sol
y también los eclipses
apartando lo inútil
y usando lo que sirve
con su fe veterana
el sur también existe

con su corno francés
y su academia sueca
su salsa americana
y sus llaves inglesas
con todos sus misiles
y sus enciclopedias
su guerra de galaxias
y su saña opulenta
con todos sus laureles
el norte es el que ordena

pero aquí abajo abajo
cerca de las raíces
es donde la memoria
ningún recuerdo omite
y hay quienes se desmueren
y hay quienes se desviven
y así entre todos logran
lo que era un imposible
que todo el mundo sepa
que el sur también existe.

Mario Benedetti (1920 - )