El Camino

El Vigía - Florencio Molina Campos

En el camino aprendí,
que llegar alto no es crecer,
que mirar no siempre es ver
ni que escuchar es oír
ni lamentarse sentir
ni acostumbrarse, querer...

En el camino aprendí
que estar solo no es soledad,
que cobardía no es paz
ni ser feliz, sonreír
y que peor que mentir
es silenciar la verdad.

En el camino aprendí
que puede un sueño de amor,
abrirse como una flor
y como esa flor morir,
pero en su breve existir,
fue todo aroma y color.

En el camino aprendí,
que ignorancia no es no saber,
ignorante es ese ser
cuya arrogancia más vil,
es de bruto presumir
y no querer aprender.

En el camino aprendí
que la humildad no es sumisión,
la humildad es ese don
que se suele confundir.
No es lo mismo ser servil
que ser un buen servidor.

En el camino aprendí,
que la ternura no es doblez,
ni vulgar la sencillez
ni lo solemne verdad,
vi al poderoso mortal
y a idiotas con altivez.

En el camino aprendí
que es mala la caridad
del ser humano que da
esperando recibir,
pues no hay defecto más ruin
que presumir de bondad.

En el camino aprendí,
que en cuestión de conocer,
de razonar y saber,
es importante, entendí,
mucho más que lo que vi
lo que me queda por ver...


Rafael Amor (1948 - )

Los amos

La familia del peón - Antonio Berni

Cuando ya Cristino no servía ni para ordeñar una vaca. don Pío lo llamó y le dijo que iba a hacerle un regalo, le voy a dar medio peso para el camino. Usté está muy mal y no puede seguir trabajando. Si se mejora, vuelva.
Cristino extendió una mano amarilla que le temblaba. Mucha gracia, don. Quisiera coger el camino ya, pero tengo calentura. Puede quedarse aquí esta noche, si quiere, y hasta hacerse una tisana de cabrita. Eso es bueno.
Cristino se había quitado el sombrero, y el pelo abundante, largo y negro le caía sobre el pescuezo. La barba escasa parecía ensuciarle el rostro, de pómulos salientes.
-Ta bien, don Pío -dijo--; que Dio se lo pague. Bajó lentamente los escalones, mientras se cubría de nuevo la cabeza con el viejo sombrero de fieltro negro. Al llegar al último escalón se detuvo un rato y se puso a mirar las vacas y los críos.
-Qué animao ta el becerrito comentó en voz baja, haia.
Se trataba de uno que él había curado días antes. Había tenido gusanos en el ombligo y ahora correteaba y saltaba alegremente.
Don Pío salió a la galería y también se detuvo a ver las reses. Don Pío era bajo, rechoncho, de ojos pequeños y rápidos. Cristino tenía tres años trabajando con él. Le pagaba un peso semanal por el ordeño, que se hacía de madrugada, las atenciones de la casa y el cuidado de los terneros. Le había salido trabajador y tranquilo aquel hombre, pero había enfermado y don Pío no quería mantener gente enferma en su casa.
Don Pío tendió la vista. A la distancia estaban los matorrales que cubrían el paso del arroyo, y sobre los matorrales, las nubes de mosquitos. Don Pío había mandado poner tela metálica en todas las puertas y ventanas de la casa, pero el rancho de los peones no tenía ni puertas ni ventanas; no tenía ni siquiera setos. Cristino se movió allá abajo, en el primer escalón, y don Pío quiso hacerle una última recomendación.
-Cuando llegue a su casa póngase en cura, Cristino.
-Ah, si, corno no, don. Mucha gracia -oyó responder.
El sol hervía en cada diminuta hoja de la sabana. Desde las lomas de Terrero hasta las de San Francisco, perdidas hacia el norte, todo fulgía bajo el sol. Al borde de los potreros, bien lejos, había dos vacas. Apenas se las distinguía, pero Cristino conocía una por una todas las reses.
-Vea, don -dijo- aquella pinta que se aguaita allá debe haber parío anoche o por la mañana, porque no le veo barriga.
Don Pío caminó arriba.
-Usté cree, Cristino? Yo no la veo bien.
-Arrímese pa aquel lao y la vera.
Cristino tenia frío y la cabeza empezaba a dolerle, pero siguió con la vista al animal.
-Dese una caminata y me la arrea, Cristino -oyódecir a don Pío).
-Yo fuera a buscarla, pero me toy sintiendo mal.
-¿La calentura?
-Unju, me ta subiendo.
-Eso no hace. Ya usté está acostumbrado, Cristino. Vaya y tráigamela.
Cristino se sujetaba el pecho con los dos brazos descarnados. Sentía que el frío iba dominándolo. Levantaba la frente. Todo aquel sol, el becerrito...
-¿Va a traérmela? -insistió la voz.
Con todo ese sol y las piernas temblándole, y los pies descalzos llenos de polvo.
-¿Va a buscármela, Cristino?
Tenía que responder, pero la lengua le pesaba. Se apretaba más los brazos sobre el pecho. Vestía una camisa de listado sucia y de tela tan delgada que no le abrigaba.
Resonaron pisadas arriba y Cristino pensó que don Pío iba a bajar. Eso asustó a Cristino.
-Ello sí, don- dijo- : voy a dir. Deje que se me pase el frío.
-Con el sol se le quita. Hágame el favor, Cristino.
Mire que esa vaca se me va y puedo perder el becerro.
Cristino seguía temblando, pero comenzó a ponerse de pie.
-Si: ya voy, don -dijo.
-Cogió ahora por la vuelta del arroyo--explicó desde la galería don Pío.
Paso a paso, con los brazos sobre el pecho, encorvado para no perder calor, el peón empezó a cruzar la sabana. Don Pío le veía de espaldas. Una mujer sedeslizó por la galería y se puso junto a don Pío.
-iQué día tan bonito, Pío! -comentó con voz cantarina.
El hombre no contestó. Señaló hacia Cristino, que se alejaba con paso torpe como si fuera tropezando.
-No quería ir a buscarme la vaca pinta, que parió anoche. Y ahorita mismo le dí medio peso para el camino.
Calló medio minuto y miró a la mujer, que parecía demandar una explicación.
Malagradecidos que son, Herminia -dijo-. De nada vale tratarlos bien. Ella asintió con la mirada.Te lo he dicho mil veces, Pío -comentó. Y ambos se quedaron mirando a Cristino, que ya era apenas una mancha sobre el verde de la sabana.






Juan Emilio Bosch y Gaviño (1909 - 2001)

Aime Paine




Aime Paine fue una refinada cantante mapuche asumida como representante cultural de su pueblo. Nació el 23 de Agosto de 1943 en la ciudad de Ingeniero Huergo, provincia de Río Negro, Argentina y falleció el 10 de Septiembre de 1987 en Asunción del Paraguay.



Su nombre de origen tehuelche no tiene traducción y su apellido mapuche designa al color celeste en esa lengua.



Cantante lírica -integraba el Coro Polifónico Nacional- se volcó a rescatar y difundir las canciones tradicionales de su tierra, que investigaba e interpretaba con gran rigor autoexigente.



Hija de un mapuche y una tehuelche, aprendió a conocer las leyendas e historias de su pueblo, expresadas por la tradición oral, motivándole a trasladarla a la canción para darla a conocer. Rescató el canto sagrado Taiel y los temas inscriptos en el ulticantum o surgidos de la improvisación.



En su honor por decreto provincial Nº 1277/89 se declaró al 10 de Septiembre como día de la Cultura Mapuche, y por decreto 177/89 el Gobierno de la Provincia de Río Negro se compromete a auspiciar el material fonográfico.

Tierra


Ella nos dice la palabra viva,
nos guía por un rumbo iluminado
y nos muestra el camino señalado
para la perfección definitiva.


Para su mundo de laurel y oliva,
para su pobre mundo ensangrentado
va, puro y redimido de pecado,
el triste corazón, a la deriva.


Ella nos amortaja con su veste.
Su oscuro reino de milagro y cieno
abarca Norte, Sur, Este y Oeste.


Nos da la clave de lo ultraterreno,
el signo impar, el número celeste
para que regresemos a su seno.



León Benarós (1915-?) en "El río de los años", 1964

Foto: amancay, flor típica de la Patagonia


De la guerra


"La guerra coloca al militarismo, al armamentismo y a la barbarie criminal en el centro de los objetivos de todo país que incurre en ella. Los pueblos que desean la paz no deben prepararse para la guerra, deben prepararse para la paz. Que es menos gloriosa, menos wagneriana, que carece de timbales y trompetas, que no inspira grandes poemas épicos, pero tiene la simple y honda grandeza de respetar la sustancialidad de la vida."


José Pablo Feinmann en "La sangre derramada - ensayo sobre la violencia política" 1998

El loncomeo




El loncomeo (en mapuche: "mover la cabeza") es un baile mapuche que se realizaba en la fiesta Huecunruca, organizada en ocasión de la primera menstruación de una niña, que así se convertía en mujer. El baile típicamente lo realizaban cuatro hombres alrededor de un fogón acompañados por la música del cultrún, especie de tambor de madera con parche de cuero de cordero.


El loncomeo no se baila en la actualidad pero ha permanecido en la música patagónica junto a la cordillerana, integrándose al folclore argentino.


Marcelo Berbel y luego sus hijos Hugo y Marité supieron plasmar el sentir mapuche y patagónico en sus canciones.





Foto: hombre mapuche sosteniendo un cultrún, sobre él se ve pintado el calendario mapuche.

Del pueblo

Fraternidad - Diego Rivera

El pueblo encarna la conciencia misma de los destinos futuros de una nación o de una raza. Aparece en los países que un ideal convierte en naciones y reside en la convergencia moral de los que sienten la patria más alta que las oligarquías y las sectas. El pueblo -antítesis de todos los partidos- no se cuenta por números. Está donde un solo hombre no se complica en el abellacamiento común; frente a las huestes domesticadas o fanáticas ese único hombre libre, él solo, es todo: Pueblo y Nación y Raza y Humanidad.

José Ingenieros (1877 - 1925) en "El Hombre Mediocre", 1911.